Los tiempos del duelo

▪️ MARTES DE TERAPIA ▪️

Hoy les compartimos “Los tiempos del duelo” ⏰ por la Lic. Mariana Ferreri, parte del Equipo del IPPL 📝

Cuando se piensa en el duelo como tal, más allá de las cuestiones
estadísticas y parámetros establecidos, más que la cantidad de días o años que transcurren hasta que quien padece siente que de ahí en más puede vivir con ese dolor transformado, importa contemplar lo que se pierde cuando se pierde.

No es lo mismo quien sufre por la muerte de un ser querido, a quien duela por una relación que no fue- pero en donde el otro continúa su vida por fuera de la propia y se coteja en la realidad que ese parteneire sigue existiendo. Tampoco lo es el dolor por la pérdida de una parte del cuerpo, de un órgano que ya no podrá funcionar como lo hacía antes, ni el caso de quien se lamenta por un proyecto que ya no concretará, pero en el que estuvo largo tiempo pensando. Porque cuando se pierde lo que se desencadena es una reacción, ya nos decía Freud en Duelo y Melancolía. Ante lo que el juicio de realidad nos devuelve se evidencia algo que no estará más como solía hacerlo. Y esto, podría ser una persona amada o una abstracción como un ideal. (*1)

Pensar el duelo en base a la idea de reacción nos permite contemplar que éste acontece como un comportamiento ante lo que se verifica como concluido, una forma de respuesta anímica que da cuenta de que no se comienza voluntariamente a duelar lo que no existe, sino que -con tremendo quantum anímico muchas veces- a quien duela no le queda otra que desencadenar tal proceso.

A menudo, ante lo inevitable de la muerte, escuchamos preguntas como “¿cuándo estaré bien?” o “sé que esto pasará, pero ¿en qué momento podré pensar en ella sin llorar?” encontrándonos en cierta forma con la prisa como modo de respuesta ante el dolor que provoca la ausencia. Sin embargo, la prisa puede ser tan actual como enemiga de los procesos, porque, por otra parte, ¿quién puede ir rápido cuando se trata de duelar? ¿Por qué habría de hacerlo?

Es así como, una vez advertido en cierta medida cada quien de lo que perdió, se comienza a atravesar una serie de operaciones psíquicas que implican un tiempo y un trabajo, como nos mencionaba Freud. En cuanto a ello, como ya dice la conocida poesía “Caminante no hay camino…” agregaría que no hay camino, ni tiempo designado como tal. Ahora bien, si éste último está asociado al paso que se da en el recorrido, ¿cuáles son las variables en juego en el andar?

El modo en el que las personas logran representar esa pérdida en su vida podría estar enlazado a lo que no hicieron y a lo que sí con ese otro que se fue y no retornará. También, asociarse a los recursos de quien atraviesa el duelo, al vínculo que se tenía con aquello que se perdió y hasta las cuentas no saldadas. ¿De qué forma se concretaba o no lo que se quería con ese otro? Y a partir de allí, las posibilidades de elaboración que podrían, una vez transcurrida la negación, el enojo, la ansiedad, la desazón y finalmente el dolor, ser oportunidades de vida, hacer de la experiencia un aprendizaje.

Meterse con el dolor, propio, es poder soportar la idea de que ya no seré pensado del modo en que lo era por otro, de ahí en más seguiré siendo muchas cosas siempre, aunque no sea exactamente lo mismo.

Y, aun así, transcurra de la manera más conveniente el tiempo del trabajo del duelo, nos encontramos de tanto en tanto con un dolor vivo, que es aquel que hayamos cada vez que en el presente se vivencia la falta del que no está pero en el modo en el que se le supone una presencia.

Asimismo, y para concluir, la posibilidad de elaboración y de lo que continuará también está ligada al lazo con la vida y al poder de invención como al modo de vivir que tenía quien murió. Por ejemplo, no es lo mismo que el que se va haya podido pensar en su propia muerte y a partir de allí entregar a quienes se quedan algo del orden del amor, que haya mezquindado momentos porque ya no podría ser partícipe de lo que vendrá, haciendo referencia a Alizade “en el caso de una muerta erótica, el muerto señala a sus seres queridos la responsabilidad de ser dichosos sin él, de recordarlo sin melancolía en la alegría de vivir que les ha enseñado o procurado”. (*2)

Porque en resumidas cuentas, si el duelo tiene tiempos más que uno solo y por sí mismo, haber duelado algo tal vez es poder sentir que no nos falta nada, aunque nos falte, sin importar precisamente el tiempo que eso nos lleve.

(*1) Freud, Sigmund. (1917) Duelo y Melancolía, Obras Completas,
Volumen IX, Ed. Amorrortu.
(*2) Alizade, Alcira M. (2012) Clínica con la muerte. Ediciones Biebel.

Mariana Ferreri
Licenciada en Psicología

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