Cuando los hijos se van….

Roberta Gorischnick nos invita a reflexionar acerca de aquello que sentimos y atravesamos los padres cuando nuestros hijos crecen y se van del hogar, etapa que habilita, a su vez, un posible re-encuentro o des-encuentro con la pareja.

 

Cuando los hijos se van….

 

“Los hijos se van…

Hay que aceptarlos con esa condición,

Hay que criarlos con esa idea,

Hay que resignarse con esa realidad,

No es que se van….es que la vida se los lleva”

                                                                                                                             Zenaida Bacardi

 

Los chicos se van, se casan, se van a estudiar, a vivir solos…y esa casa poblada de gente, de ruidos, bochinche, discusiones, conflictos, alegrías, encuentros y desencuentros se siente vacía.

 

Esa misma casa que ahora está ordenada, en la que antes las cosas parecían que se escondían, porque “alguien” no las puso en su lugar, donde se nos complicaba la cena, porque “el nene” vino a la tarde con los amigos y se comieron todas las milanesas, o porque pensamos que nos arreglamos con lo que quedo del mediodía, (total una se come una fruta) ¡y de pronto!, ¡cae la nena con el novio!

 

Ahora que estamos solos, que ya no tenemos que padecer esos ritmos, hacer cola para bañarse, discutir hasta el cansancio por quien tiene el control remoto, a quien le toca usar la compu, quien dejo la botella fuera de la heladera, la luz prendida (¡con lo que viene de factura!)…

 

Ahora que hay silencio, estamos tranquilos, ya no nos aturden las peleas, los gritos, la  música tan fuerte… recordamos que siempre rezongábamos por lo mal que se portaban, por que se peleaban todo el día, porque no estudiaban.

Pero cuando los chicos se fueron también se llevaron consigo los encuentros, las charlas, las risas, las bromas, ese estar en familia tan íntimo, pleno, reconfortante…

 

Algunos autores hablan del síndrome del nido vacío, y si ¡vacío es mucho de lo que se siente!, es un vacío que solo se llena con angustia, tristeza y lo único que podemos hacer es extrañar.

 

Y es en esta soledad, cuando estamos transitando este duelo o cuando ya salimos de el, que nos encontramos con la pareja, encuentro que puede significar un re-encuentro o un des-encuentro.

 

Un re-encuentro si podemos retomar algunas de las tantas cosas aplazadas, proyectos  de a dos, espacios cedidos a los hijos, a su crianza, a sus necesidades, el que  disponemos nuevamente para el otro, etapa de la pareja que frente a la menor exigencia como pareja de padres puede crecer como pareja conyugal.

 

El amor y el deseo nos acompaña toda la vida, desde el nacimiento y en cada etapa evolutiva sus formatos son distintos pero no por ello  menos importantes. Si logramos superar la crisis en la que nos encontramos cuando los hijos se van, esto podrá significar la oportunidad de crecimiento para la pareja, revisando el contrato fundante y estableciendo nuevos  acuerdos.

 

 

 

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